viernes, 13 de febrero de 2026

La Trampa de la Intrascendencia

Es realmente lamentable como se promueve desde el extremismo un clima de intolerancia, signado por la calumnia, el chisme y la descalificación.  En los momentos donde la historia exige pulso firme y visión de largo alcance, emerge un síntoma inequívoco de la pobreza del liderazgo y la precariedad institucional: el ruido de lo nimio.  Cuando una organización o un país atraviesa una crisis compleja, la estatura de sus integrantes no se mide por la elocuencia de sus discursos, ni la estridencia retórica, sino por su capacidad de distinguir lo urgente de lo ornamental.

Quien, en medio de la tormenta, decide priorizar el conflicto interno, ventilar el chisme de pasillo o encender hogueras con "pendejadas", no solo comete un error táctico; está evidenciando su escasez, su limitado manejo de las emociones y quizás firmando su acta de defunción política

El narcisismo de las pequeñas diferencias

El fenómeno que observamos cuando un actor se enreda en controversias menores mientras el contexto demanda soluciones estructurales es -en esencia- una desconexión cognitiva. Es una suerte de narcisismo, donde el ego prevalece sobre el objetivo común.  Esta actitud deja en evidencia dos carencias fatales:

 1) Inmadurez política: La incapacidad de entender que el poder es una herramienta de transformación, no un escenario para el desahogo emocional o la validación personal.

 2) Incomprensión del momento: Un desenfoque que usualmente deriva en una cadena de errores.  Además, la ceguera frente al hecho de que la sociedad —o el equipo— está observando. Ante el caos, la tolerancia colectiva hacia la frivolidad es nula.

La respuesta del líder: ética del enfoque y distancia estratégica

¿Cómo debe reaccionar un líder sensato ante la miseria política y la provocación de la mediocridad? La tentación de "poner en su lugar" al intrigante es grande, pero un liderazgo con claridad política sabe que descender al barro es, de hecho, una forma de derrota. La respuesta debe articularse sobre tres ejes fundamentales de higiene política:

* La indiferencia selectiva o inmunidad al ruido: No toda crítica merece una respuesta. El líder real entiende que su capital más valioso es la atención. Al negar la entidad al chisme, se le quita el oxígeno. Si la controversia no suma a la solución del problema mayor, simplemente no existe en su agenda. Lógicamente, la acción política coherente e inmune a las distracciones, requiere claridad estratégica.  

 * El reencuadre forzado: Ante el intento de sabotaje por vía de la queja menor, el líder debe realizar un ejercicio de “reframing”. Se trata de elevar el nivel del debate, forzando al interlocutor a hablar de soluciones y datos. "Entiendo tu inquietud, pero la urgencia hoy es [X]; propongo que nos concentremos en lo que la gente espera de nosotros".

 * La superioridad operativa: Mientras otros conspiran, el líder construye. No hay mejor respuesta a la intriga que el resultado tangible. El contraste entre quien aporta soluciones y quien aporta "ruido" termina por aislar naturalmente al generador de conflictos.

Conclusión: El liderazgo es templanza

El verdadero líder no es el que más grita en la asamblea, sino el que mantiene la brújula fija cuando los demás sucumben al vértigo de las minucias. Generar controversias por asuntos intrascendentes en tiempos de fragilidad es una forma de sabotaje involuntario que revela las limitaciones de quien lo ejerce.  La política, en su sentido más noble, es el arte de priorizar el bienestar colectivo sobre la miseria del ego. Quien se detiene a apedrear a cada perro que ladra en el camino, jamás llega a su destino. El líder verdadero sabe que su prestigio no nace de ganar peleas de pasillo, sino de mantener la mirada en el horizonte mientras otros se pierden en el laberinto de lo banal y naufragan en el mar de las mezquindades. 

Instagram: @r.casanova