lunes, 2 de diciembre de 2024

A propósito del Foro Cívico: ¿Radicales Vs Moderados?

En los regímenes autoritarios suele politizarse al extremo la sociedad y a veces, el difícil arte de la política -oficio noble nunca bien ponderado- queda más en manos de "influecers", opinadores aficionados y "manager de tribuna", que tienen una tendencia a la demagogia: a expresar lo que la gente quiere oír, con una buena dosis de inmediatismo y sin percatarse de que suelen caer en las bien tejidas estrategias del régimen que procuran dividir a las fuerzas democráticas.

En un país acosado constantemente, es fácil dividir a las fuerzas democráticas entre radicales y moderados, donde los primeros son los héroes del cuento: su retórica implacable y valiente -usualmente desde el exterior- los presenta como los genuinos defensores de la justicia y la democracia, arrojando un manto de dudas sobre todo aquel que no haga de la estridencia -y a veces del insulto- su básica forma de comunicación.  Son ellos y solo ellos, quienes defienden la verdad del 28J, se solidarizan con los presos políticos y con las víctimas de la represión. A estas alturas, ya el lector ha entendido que "el moderado" es el villano de la película. Según la narrativa de "los duros del teclado", estos opositores tienen tendencia apaciguadora, su forma de entender el momento supuestamente deshumaniza a la política y le facilita la acción represiva al régimen. Y así por el estilo, toda una construcción verbal que desacredita a este segmento de la oposición.  

En la política real no es bueno ni malo, asumir una u otra postura.  Hay momentos en que radicalizar nuestra postura es lo conveniente y otros en que la moderación es lo procedente.  Ninguna de ellas debe ser una actitud permanente como sugiere la retórica extremista. El eterno radical termina en minúsculos reductos y el eterno moderado termina mimetizado al poder.  En ambos casos, inútiles a los fines del cambio político.  

Lo inteligente es administrar nuestras posturas en función del momento, el clima político, los temas y los roles que corresponda ejercer, todo ello siempre será una consideración estratégica, es decir estará asociada al diseño de un plan y al contexto cultural, social y especialmente ético.  Así las cosas, la complejidad del asunto trasciende la ligereza con que se maneja cotidianamente. 

El tema de los roles es esencial: desde que posición asumo una y otra postura.  La represión brutal a que ha sido sometida la sociedad venezolana, no ha logrado doblegar su espíritu democrático, no ha podido paralizar a las fuerzas del cambio, pero hay que admitir que ha sembrado temores y conducido a líderes sociales, activistas ciudadanos, dirigentes de partido y militantes de la causa, a tomar precauciones.  A asumir una actitud moderada que le permita preservar su libertad para continuar la lucha.   Desde esta perspectiva, los moderados no son una casta despreciable sino un voluminoso ejército de venezolanos que continúan corriendo riesgos en un frente cotidiano de batalla, tal como se ha convertido la sobrevivencia en Venezuela.  

Por supuesto, desde la comodidad de un teclado y con la seguridad que le brinda vivir fuera del país, es muy fácil ser un duro radical frente a la injustificable e inocultable violación de derechos fundamentales que sufrimos en Venezuela. Eso es muy fácil pero también es irresponsable y desleal con miles de activistas y millones de venezolanos que -en medio de grandes calamidades- encuentran formas de continuar en la lucha, aprovechando las escasas rendijas de libertad.  

No estoy en contra de los radicales pues sus posturas son útiles para elevar la presión. Además, comprendo perfectamente su motivación. Estoy en contra de los excesos que sugieren que solo hay una forma de lucha y que conducen a descalificar cualquier otra expresión, con la arrogancia de quien se cree dueño de la verdad. La reflexión del momento debe dar respuesta a la pregunta del título: ¿Radicales Vs Moderados?  ¿A dónde nos conduce está pelea?  El radicalismo si está investido con la prepotencia y el sectarismo que suele acompañarle, conduce a desconocer la pluralidad democrática y la consecuente multiplicidad de visiones que pueden coexistir en medio de tantas penurias, injusticias y abusos de poder, todo lo cual debería ser el sustrato de una verdadera unidad de las fuerzas del cambio.  

En su estrategia divisionista, el gobierno ha mantenido la idea de "las oposiciones".  Algo que no es cierto: aquí hay una sola oposición, que es plural y diversa es otro asunto.  Pero desde sus distintas ópticas, cada quien trabaja para enfrentar a un gobierno y sus aliados -llamados Alacranes- que ha conducido al país a la más pavorosa crisis política, económica, social y moral de nuestra historia.  ¿Cuál es la contribución real que aporta esa división que pretende imponerse desde el campo radical?  ¡Ninguna! Todo lo contrario, puede ser tremendamente lesiva.  

El más penoso ejemplo de lo que puede suceder en una sociedad crispada y presionada por los extremos es ese ataque desproporcionada e infundado en contra del Foro Cívico.  Sin presentar una sola evidencia, han dicho que desde esa instancia se pretende legitimar al régimen de Maduro, desestimar los resultados del 28J, no reconocer a Edmundo González como presidente electo, "normalizar" la situación e incluso concurrir a unas supuestas elecciones a convocarse este año. En definitiva, una sarta de calumnias que nada tienen que ver con la realidad.  Al contrario, hay evidencia de que nada de eso está en la agenda del Foro Cívico.   

Para solo referirnos a uno de los temas esenciales: si el Foro Cívico reconoce a Edmundo González como presidente electo, destacados voceros han sido explícitos: “Tenemos evidencia de las actas que todo el mundo conoce y las vimos el domingo, no hay duda.... todo esto -lo que hacen-  va dirigido a proteger y promover los derechos políticos de los venezolanos que han sido violados”.  Y agregan “El Foro Cívico tuvo acceso al monitoreo de diversas organizaciones de la elección, y el país entero sabe lo que ocurrió en la elección. La proclamación de un candidato sin haberse cumplido los extremos de ley que exige la publicación mesa por mesa de los resultados no se ha cumplido. Eso ha generado esta divergencia entre la verdad y la realidad”.

Así, todas las demás atrocidades que han inventado para descalificar al Foro Cívico se pueden desmontar de la misma manera, es decir con hechos e información verificable, constatable, proveniente de fuentes identificadas y confiables.  Surge entonces la pregunta ¿Cuál es el objetivo de agredir y lesionar la reputación de gente honorable, como muchos de los cientos de ciudadanos, personalidades del mundo académico, líderes sociales y ONGs que se articulan en ese espacio de encuentro para procurar condiciones e impulsar una transición democrática que nos conduzca a superar la tragedia que hoy vivimos en Venezuela? ¿Por qué destruir espacios de interlocución que propicien condiciones de negociación para una salida pacífica a la crisis? 

Sin obviar la violación de DDHH, sin dejar de ser solidarios con las víctimas y sin abandonar la denuncia como mecanismo legítimo para evidenciar la realidad, ni desmeritar la protesta como herramienta de lucha ciudadana, el Foro Cívico no solo se ha enfocado en generar un espacio de interlocución sino en la construcción colectiva -junto a centenares de activistas sociales de las 24 entidades del país- de una Agenda Social y de Derechos que sirva como base de  negociación y hoja de ruta, pues no basta con hablar del cambio sino hay que darle direccionalidad para que éste se traduzca efectivamente en más democracia y mejores condiciones de vida para todos los venezolanos.  

Preferimos obviar las intenciones de quienes han hilado está calumniosa agresión contra el Foro Cívico y han cerrado las puertas a la tolerancia y el respeto que todos merecen en una sociedad democrática.  Difamar a partir de mentiras, chismes o información de fuentes no verificables, es exactamente lo mismo que hace Diosdado Cabello con sus "patriotas cooperantes" desde el canal del Estado. ¿Por qué entonces quienes promueven un cambio van a imitar está conducta, está vez protegidos por un pretendido puritanismo opositor? Esto nada tiene que ver con la cultura democrática que debe privar en el mundo opositor. 

En definitiva, puede usted no estar de acuerdo con la línea que se impulsa desde el Foro Cívico y tiene derecho a expresar sus diferencias, tanto como los miembros de este espacio de la sociedad civil tenemos derecho a opinar libremente sobre la trágica realidad del país y a actuar de la mejor manera que se considere para superarla. Lo lamentable es que nos vemos forzados a ejercer ese derecho, venciendo la intolerancia de quienes ejercen el poder en Venezuela y al mismo tiempo, a la intransigencia de sectores igualmente radicalizados en el mundo opositor, que actúan con similar prepotencia, haciendo un daño terrible a la UNIDAD que debe inspirar a quienes luchamos por un cambio político pacífico y democrático. ¡Dios bendiga a Venezuela!

Twitter/X: @richcasanova


viernes, 19 de julio de 2024

El debate en el chavismo

Además de una sed insaciable de poder y control, todos los dictadores están marcados por el narcisismo, tienen una imagen inflada de sí mismos y una creencia desmedida de su importancia.  Suelen sentirse predestinados a cambiar el curso de la historia, la cual siempre tergiversan.  Adolf Hitler llegó a decir que "la historia no trata con los que casi lograron algo. La historia trata con aquellos que lo lograron", lógicamente se refería a sí mismo.   Incluso, el 22 de agosto de 1939 en su refugio de Berchtesgaden, cuando anunciaba la inminente invasión de Polonia, marcando el inicio de la Segunda Guerra Mundial, pronunció una frase que mostraba su obsesión de poder y el desprecio por lo racional: "lo que importa no es tener la razón, sino conseguir la victoria”. 

Está perversa obsesión ha derivado muchas veces en una tragedia para los pueblos, incluso para quienes acompañan a ese líder obcecado y delirante ¿Cuál fue el destino de los altos mandos del Tercer Reich? ¿A dónde terminaron? ¿Cómo fue su futuro político? 

Salvando las diferencias del caso, el tema aflora en mi memoria al escuchar a Nicolás Maduro advertir irresponsablemente que -si no resulta reelecto en los comicios del 28 de julio- el país podría enfrentar un “baño de sangre” y una “guerra civil fratricida”. ¡Tampoco le importa la razón! Un peligroso exceso cónsono con su anuncio de imponerse "por las buenas o por las malas".  Afortunadamente la política jamás ha sido una consecuencia de los deseos, sino de la realidad, el arte de lo posible, dicen. Y me atrevo a asegurar que no hay "condiciones objetivas" -usando un término que la izquierda entiende- para una aventura de ese tipo, no tendría respaldo del mundo civil, ni militar.  Pero me preguntó ¿Estás alucinaciones de poder tendrán respaldo del PSUV? ¿Cómo puede digerirse esto en medio de los evidentes conflictos internos en ese partido? 

Para la élite que hoy ejerce el poder, sería conveniente dar ese debate o al menos, hacer una reflexión en torno a su propio futuro. En efecto, estamos hablando de las insaciables apetencias políticas de un hombre que busca su tercer mandato consecutivo y que en estos días afirmó que su hipotética y poco probable victoria, sería determinante para las próximas 5 décadas, dizque "le dará a Venezuela 50 años de paz, estabilidad y crecimiento".  Habla de él, de su gesta patriótica.

Obviemos que durante este cuarto de siglo de "revolución", lejos de garantizar paz, estabilidad y crecimiento, el resultado es exactamente lo contrario.  Lo relevante es que Maduro -y solo él- se siente protagonista político de los próximos 50 años de la República y que el país estaría condenado a un baño de sangre en su ausencia.   Esta obsesión de poder y la desbordada egolatría nos hablan de una megalomanía digna del Führer.

Es claro que Nicolás Maduro piensa que una victoria suya sería devastadora para la democracia venezolana y le permitiría gobernar como Fidel Castro, hasta más no poder; momento en que cedió el testigo a su hermano Raúl.  En sus fantasías, se imagina dentro de 25 años entregando la banda presidencial a Nicolasito, rodeado por Jorge Rodríguez y su hermanita, por Diosdado, Héctor Rodríguez, Lacava y demás jerarcas del PSUV, todos en sillas de ruedas o con bastones, pero no de mando.  Ante semejante ambición, no creo que en esa imaginaria fotografía aparezca el General Padrino López, pero dejemos para otro día las especulaciones sobre el futuro de las Fuerzas Armadas en este vanidoso escenario madurista.  ¿Futuro? Ja!

Ojalá el ex alcalde de Bogotá y hoy presidente de Colombia, Gustavo Petro, pueda hablarles a sus camaradas venezolanos sobre las virtudes de la democracia.  Por cierto, en el pasado reciente, también en Venezuela los alcaldes y gobernadores de estado podían alcanzar la nominación de sus partidos como candidatos a la Presidencia de la República, vale mencionar a Salas Römer y Henrique Capriles, entre los casos más recientes.

En general, en nuestros tiempos de democracia, los líderes que llegaban a altas posiciones en el partido o a relevantes funciones públicas en el parlamento, tenían una clara oportunidad de ser candidatos a la Primera Magistratura. ¡Sobran los ejemplos!  Pero tal posibilidad es una utopía en Cuba, Nicaragua o en cualquier país donde el presidente aspire eternizarse en el poder. 

La renovación del poder sucede en todas las democracias del mundo.  Tal vez la actual presidente de México, Claudia Sheinbaum o Dilma Rousseff, la ex presidente de Brasil -ambas militantes de la izquierda- puedan hablarles de la perversión que resulta de la reelección indefinida.  Ninguna hubiera llegado al poder, si López Obrador y Lula Da Silva hubiesen tenido la misma pretensión de perpetuarse en el poder que hoy exhiben frenéticamente desde Miraflores. 

Más aún, el presidente Lula Da Silva -una de las voces que Maduro no quiere escuchar- les pudiera dictar cátedra sobre otra de las más preciadas cualidades de la democracia: la alternabilidad en el poder.  En fin, a la izquierda trasnochada que sostiene la caduca retórica del anti imperialismo y su lucha contra el capitalismo -en este mundo multipolar- le convendría voltear su mirada hacia Gabriel Boric, una de las figuras emergentes de la izquierda democrática en América Latina. 

Nadie espera un debate abierto, público y descarnado entre los factores de poder, pero seguramente estos temas son abordados en una mesa aquí y allá, en los pasillos y en tertulias no tan casuales.  A estas alturas, en el PSUV deben saber que las pretensiones hegemónicas son también "cuchillo para su garganta" y no solo una amenaza para la democracia venezolana, la paz global y la estabilidad política del hemisferio.  Por cierto, valdría la pena recordar la frase de Lloverá Páez a Marcos Pérez Jiménez en las horas aciagas de la dictadura: "Mejor vámonos, pescuezo no retoña".  En este caso, irse no es necesariamente huir, sino considerar opciones para una transición democrática y salvar su propio pescuezo. ¡Dios bendiga a Venezuela!

Twitter/ X: @RichCasanova


jueves, 4 de julio de 2024

¡Agarren al ladrón!

A nadie sorprende que el gobierno diga que va a ganar las elecciones. Es parte de la campaña electoral, ningún candidato dice que va a perder, todos -hasta el corre "detrás de la ambulancia", para decirlo en términos hípicos- tendrá una narrativa triunfadora. Pero lo insólito y absolutamente irresponsable, es la carga de violencia en la retórica oficialista, sus acciones represivas, su infinita capacidad de mentir y un cinismo sin parangón.

Cómo el célebre delincuente que intenta confundir y en medio del tumulto grita: "ahí va el ladrón, agarren al ladrón", ahora el candidato del gobierno y sus voceros andan con la cantaleta de que la oposición prepara un fraude.  Algo que nadie cree, pero justamente esa es la matriz de opinión que necesita construir quien realmente piensa en imponerse con un fraude, el cual –vista la realidad- tendría que ser descomunal y por tanto, insostenible, vale advertirlo. 

La idea de que la oposición pueda cometer un fraude no resiste el mínimo análisis.  ¿Quién puede cometer un fraude? ¿El gobierno que controla al CNE, al Poder Judicial y se ufana de controlar también a las cúpulas militares, o la oposición que no tiene acceso a esas instancias de poder?  ¿Quién es sospechoso de querer cometer un fraude: la oposición que ha exigido la más amplia observación internacional o el gobierno que se niega a ella? La respuesta es obvia.  En el plano internacional ¿Quién es el fraudulento: la oposición que ha hecho todo por mantener una mesa de negociación para procurar una elección medianamente transparente y competitiva? ¿O el gobierno que ha irrespetado el Acuerdo de Barbados en todas sus partes, incluyendo la misión de observación de la Unión Europea y demás condiciones que garanticen una campaña en condiciones de equidad?  Por mucho que grite, el país sabe quién es el ladrón. 

Está actitud no es nada nueva.  Los venezolanos hemos visto como descaradamente han saqueado el Erario Público, se han desaparecido miles de millones de dólares, mientras el país se ha empobrecido dramáticamente. Pero los responsables de este asalto a la nación, tienen el cinismo de calificar de corrupta a la oposición. ¡Insólito!  Lo mismo sucede con el virulento discurso del gobierno, quien se han convertido en el principal promotor de la violencia.  Se supone que tienen control de las fuerzas militares, policiales y en todas las instancias de poder, pero entonces ¿es una oposición "escuálida" y sin recursos la que podría generar actos de violencia? ¿Cómo lo haría? ¿Con el pueblo en las calles? En su desespero, terminan reconociendo que la mayoría respaldaría un cambio. En todo caso, es la oposición la más interesada en una transición pacífica. Pero el gobierno subestima a los venezolanos, cree que somos pendejos para comernos esos cuentos. 

Desde los tiempos de Chávez, ellos vienen hablando de una "revolución armada" y no es la oposición quien recientemente habló de ganar "por las buenas o por las malas". En fin, a confesión de partes, relevo de pruebas, dicen los abogados. Queda claro quienes tienen vocación para la violencia.  En su última patraña el tiro también les salió por la culata: ¿Tan débil está la "poderosa" revolución bolivariana que dos personas honorables, pero con escasa experiencia política y privados de libertad (asilados en la Embajada de Argentina), la pueden desestabilizar por WhatsApp? Ja! Disparan desesperados sus chapuzas y terminan dándose un tiro en el pie.  

Pero no solo la retórica los delata, también su ejecutoria. Amenazan, persiguen y apresan a dirigentes o activistas de la campaña. Arremeten contra el pueblo humilde como las empanaderas de Corozopando que atendieron a María Corina Machado, el canoero que facilita su modesto transporte, el trabajador que alquila un sonido, a los dueños de hoteles o a cualquier comerciante.  Pretenden sembrar terror y luego acusan de terrorista a la oposición. Será inútil, en Venezuela se ha perdido el miedo y paradójicamente, cada acción de este tipo se les revierte: solo estimula a votar contra un gobierno que usa el poder para amedrentar y atropellar.  Olvidaron la lección de Barinas, dónde una catarata de abusos del gobierno -durante la ilegal repetición de los comicios- se tradujo en una mayor votación en su contra y una victoria de la oposición mucho más amplia que la anterior.  Estás acciones cobardes dejan claro que -ante este panorama electoral- quienes pretenden meter miedo, tienen serios problemas para controlar sus esfínteres. 

¿Cuál es la realidad? El gobierno lee encuestas -igual que la oposición- y sabe que Nicolás Maduro tiene un inmenso rechazo y que la ventaja del candidato de la Plataforma Unitaria, Edmundo González Urrutia, es amplia y ostensible. Sabe también que está será una elección polarizada, dónde la manada de candidatos disfrazados de opositores y financiados por el régimen, los llamados "alacranes", no podrán dividir esta vez la votación de las fuerzas del cambio.  Y más allá de las encuestas, ésta es una realidad que se percibe a simple vista, a lo largo y ancho del país, en los barrios y caseríos, en el más recóndito rincón la gente grita "Edmundo pa' todo el mundo". 

Así las cosas, tenemos razones para ser muy optimistas, pero hay que alejarse del triunfalismo.  Lo antes relatado muestra la naturaleza truculenta del régimen, así que hay que ampliar cada día la ventaja, cada voto cuenta y todos ellos deben ser defendidos con firmeza, pero sin violencia. Defender la voluntad del pueblo y garantizar la paz es nuestra misión como ciudadanos.  El gobierno se equivoca, aquí nadie se confunde: no importa cuánto griten, todos sabemos quién es el ladrón.  ¡Dios bendiga a Venezuela! 

Twitter /X: @RichCasanova



martes, 4 de junio de 2024

Ética, política y elecciones presidenciales

Decía Nelson Mandela que "la política debe ser la expresión más alta del espíritu humano”. Lamentablemente, nuestra realidad actual dista mucho de este ideal. En su lugar, asistimos a una degradación progresiva donde la mentira y la descalificación se erigen como herramientas predilectas, corroyendo los cimientos de la sociedad y sembrando las semillas de la desconfianza y el resentimiento.

En esta campaña electoral, el candidato del gobierno insistirá en la impúdica repetición de promesas incumplidas y en la demagógica oferta de solución a los problemas que ellos mismos crearon, por ejemplo: los apagones o el racionamiento eléctrico que es "hecho en revolución", toda vez que antes estaba satisfecha la demanda interna y hasta vendíamos electricidad a Colombia y Brasil. Lo mismo podemos decir de la galopante corrupción o de la pulverización del salario como consecuencia de la destrucción del PDVSA y en general, de la economía nacional.

No existe siquiera un área donde el gobierno pueda exhibir resultados positivos, es decir, no tienen gestión que mostrar y ello explica que los discursos de Nicolás Maduro, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello –entre otros- sean una retórica devaluada, cargada de mentiras descaradas y una reiterada descalificación del adversario, plagada de insultos e improperios, lo cual deja en evidencia la pobreza espiritual e intelectual, así como la frágil contextura moral de quienes hoy ejercen el poder en Venezuela.

Esta putrefacción de la política tiene un impacto nefasto en diversos aspectos de la vida social. En primer lugar, erosiona la confianza en las instituciones y los líderes, pilares fundamentales para el correcto funcionamiento de una democracia. Cuando la mentira y el ataque personal se convierten en la norma, los ciudadanos se alejan de la participación política, apáticos y desilusionados.  Seguramente este precisamente es el objetivo del gobierno: sembrar frustración y desmovilizar al país democrático. 

En segundo lugar, esa actitud pendenciera obstaculiza el diálogo constructivo y la búsqueda de soluciones consensuadas. La descalificación constante y la demonización del oponente impiden el intercambio de ideas y la búsqueda de puntos en común. En un ambiente tan hostil, las diferencias se agudizan y la polarización se intensifica, imposibilitando el avance hacia un bien común.

Tercero, la degradación de la política tiene un impacto directo en la calidad de vida de la población. Cuando la energía se concentra en la confrontación y la búsqueda de réditos políticos, los problemas reales de la sociedad quedan relegados a un segundo plano. La atención se desvía de la educación, la salud, la seguridad y otros aspectos esenciales para el bienestar ciudadano, perpetuando ciclos de pobreza, desigualdad y marginalización. La tendencia del gobierno a la confrontación, es también la explicación de su estruendoso fracaso.

Así las cosas, la candidatura de Edmundo González Urrutia es un bálsamo para esta Venezuela fragmentada y también una oportunidad de oro para revertir este panorama desolador e impulsar un cambio radical en la cultura política impuesta durante estos últimos años.

Tenemos al frente un desafío que requiere un compromiso genuino con la verdad, el respeto mutuo y la búsqueda del diálogo constructivo. Los líderes políticos, en particular, tienen la responsabilidad de actuar como modelos de ética e integridad, predicando con el ejemplo y promoviendo valores como la honestidad, la transparencia y la rendición de cuentas.

La sociedad civil también juega un papel fundamental en este proceso. La ciudadanía debe exigir a sus representantes un comportamiento ético y responsable, castigando en las urnas a aquellos que incurran en esas prácticas nefastas, antidemocráticas e inmorales. 

El discurso agresivo e insultante del gobierno nos permite marcar la diferencia.  En efecto, el tono conciliador y respetuoso de Edmundo González es expresión del cambio que aspiramos, el cual supone espacios de debate público, bajo una cultura de diálogo y tolerancia que permita encontrar soluciones consensuadas a los problemas que azotan al país. ¡Dios bendiga a Venezuela!

Twitter/ X: @RichCasanova


viernes, 17 de mayo de 2024

Edmundo González y la transición democrática

Mientras el gobierno negocia tras bastidores con el mismísimo imperio yanqui, como lo ha reconocido el propio Presidente, algunos oficialistas niegan con estridencia –casi con histeria- la posibilidad de una transición a la democracia en Venezuela, uno no sabe si lo hacen para sembrar desaliento en la población o para sabotearle una salida negociada y honorable a Nicolás Maduro. Además, negar la posibilidad de una transición es un reconocimiento tácito de la naturaleza autocrática del régimen, un contrasentido para un gobierno que procura mantener las formas democráticas en el ámbito internacional y es un esfuerzo inútil pues la maniobra no ha socavado el sentimiento de cambio instalado en el país como una “tendencia irreversible”.   Por ello –pese a los deseos de quienes se aferran a sus privilegios y al poder- hay una posibilidad cierta de que se inicie en Venezuela una transición democrática, lo que está planteado hoy va mucho más allá de cambiar un presidente por otro.  Al menos, esa es la aspiración de la inmensa mayoría del país. 

Las experiencias democratizadoras que conocemos advierten que se trata de un proceso de altísima complejidad pues involucran una diversidad de actores, intereses y objetivos, muchas veces diametralmente opuestos que deben conciliarse con equilibrio, venciendo las tensiones que surgen frente a la necesidad de romper con el pasado autoritario y al propio tiempo, garantizar la viabilidad política del cambio, es decir, la estabilidad de la naciente democracia.  Estas tensiones derivan en intensos debates y presión social, donde los extremos de lado y lado pueden exacerbar sus posiciones al abordar dilemas como amnistía versus justicia o asumir las polémicas e indispensables transformaciones institucionales y legales.  Ya habrá tiempo profundizar sobre el asunto –algo que haremos en futuras entregas- por lo pronto, nos interesa destacar la fortuna de tener a un hombre como Edmundo González como capitán del barco.

En efecto, surge en el horizonte político de Venezuela una figura que habla con prudencia y alimenta la esperanza de un pueblo que anhela el cambio. La candidatura presidencial de Edmundo González Urrutia es mucho más que una promesa, es un compromiso, surge de un amplio consenso y por las circunstancias que la rodean, es también un reflejo del alma venezolana, resiliente y decidida a forjar un camino hacia la libertad.

Contrario a lo que algunos puedan pensar, Edmundo González tiene experiencia política y por su dilatada trayectoria diplomática, se presenta como un buen timonel para navegar las turbulentas aguas de la transición democrática. Su paciencia no es pasividad, sino una actitud cultivada y muy útil para unir a un país fragmentado. Sus habilidades de negociación son puentes que pueden conectar voluntades dispares, su talante reflexivo y su dominio prudente del lenguaje es un bálsamo que suaviza las asperezas de esta larga confrontación que hemos vivido y que tiene hastiado al país.  Pero más allá de sus competencias técnicas y experiencia, hay que destacar sus cualidades humanas: quienes más lo conocen confirman lo que los venezolanos percibimos a simple vista: un hombre honorable, muy serio, de nobles sentimientos y con honda sensibilidad social.  La pasión con que abraza la causa libertaria es afín a la emoción que palpita en cada ciudadano. Así, en Edmundo González hoy vemos reflejada la mejor versión de nosotros mismos.

Ahora, para llegar a la ansiada transición democrática, la primera estación son los comicios del 28 de julio.  Como ciudadanos, tenemos un papel crucial en esta lucha. No somos meros espectadores, sino actores de un drama histórico donde cada voto es un verso que cada venezolano escribe en este poema a libertad, digno de Andrés Eloy Blanco. Reafirmar nuestro compromiso con la democracia es validar nuestra fe en nosotros mismos, en nuestro pueblo y en el futuro luminoso que merecemos. La Venezuela que soñamos más que un ideal; es una posibilidad tangible que se nutre de nuestras acciones diarias. Las generaciones futuras nos miran, esperando que seamos los arquitectos de esa nación donde la democracia no sea la retórica vacía del populismo, sino una realidad vívida.

Las elecciones serán una dura jornada, no hay espacio para el triunfalismo.  Sabemos a qué nos enfrentamos, vienen tiempos difíciles y tampoco es momento para la ingenuidad, pero si para el optimismo.  Vamos a ganar y en esta hora crucial, el valor del pueblo venezolano debe brillar con la fuerza de su historia. No en vano somos la patria de Bolívar, cuyo legado de lucha por la libertad nos inspira a seguir sus pasos. Edmundo para todo el mundo…Y que Dios bendiga a Venezuela!

Twitter/X: @richcasanova


viernes, 26 de abril de 2024

Cuando un opositor habla mal de otro…

Algunos opinadores y habladores de pendejadas pretenden ocultar que la decisión de respaldar a Edmundo González Urrutia como candidato unitario es una inmensa victoria colectiva, de todo el liderazgo opositor y una respuesta que el gobierno no se esperaba pues su cálculo era que la controversia opositora -a veces absurda y muy agresiva- se extendiera hasta 10 días antes de las elecciones.  Hay quienes pretenden presentar esta afortunada decisión como la derrota de un sector con una "agenda de apaciguamiento" que se limitaba a jugar con las reglas del poder y más bien, la candidatura unitaria de Edmundo González Urrutia sería gracias a un liderazgo -supuestamente con principios y moral- capaz de crear escenarios políticos nuevos y propios, según ellos. 

A partir de la presunción de que una parte de la oposición tiene principios y moral, se puede inferir que la otra parte carece de tales virtudes y la verdad no es así.  También es falso que la “rebeldía” de un liderazgo “puro” creó un nuevo escenario. Impunemente, fueron acusados de politiqueros y mucho más, quienes afirmaron que pensar en escenarios nuevos o ideales era una ficción. En efecto así era, la realidad impuesta por la arbitrariedad del régimen dictaba que la oposición solo podría sustituir por algunos de los candidatos inscritos, es decir por Enrique Márquez, Manuel Rosales o Edmundo González Urrutia, quien no estaba inicialmente planteado como candidato.   La decisión en torno a su nombre, no es entonces el ejercicio de rebeldía de un liderazgo moralista y superior, sino un claro y responsable ejercicio pragmático de la política: un consenso en torno a quien más apoyo podía aglutinar, punto.  ¡Tan simple como eso!   Por cierto, una conclusión a la que podía llegarse -tal como advertimos- sin las descalificaciones y agresiones que mediaron en el camino.  

Lo más grave es que esa forma de plantear los hechos: el bien Vs el mal, pretende ocultar o minimizar una extraordinaria victoria de la unidad democrática.  Es un flaco servicio a la causa, mostrar a este episodio como la imposición de un sector de la oposición noble y bien intencionado, sobre otro politiquero y malvado.  Insistir en ello, no sólo es una estupidez que -en el mejor de los casos- demuestra ignorancia e inmadurez política, sino que expresa exactamente lo contrario al espíritu unitario que necesitamos reivindicar.  Colocar el asunto como el triunfo del bien sobre el mal, introduce una carga ética caprichosa y casi infantil que solo profundiza las diferencias, enturbia el panorama, afecta la campaña electoral e incluso, dificulta la transición democrática, más allá de las elecciones del 28J. 

No podemos justificar estas posturas pero si explicarlas: hay que asumir que el fanatismo que inspira al chavismo ha permeado en la sociedad venezolana.  ¿Acaso no es así como desde el oficialismo han planteado permanentemente la política? Siempre es imperialistas Vs revolucionarios, patriotas Vs traidores, oligarcas contra los pobres, etc.  Siempre los buenos contra los malos, una vulgar manipulación que algunos pretenden imitar en el mundo opositor.  Esto hay que combatirlo sembrando consciencia en la necesidad de recuperar el respeto y la tolerancia como esencia de la democracia.  También hay que entender la angustia de un país expectante frente a la posibilidad de salir de esta pesadilla.  Debemos asumir que, para el ciudadano común, no es fácil comprender una dinámica política tan compleja, donde el equilibrio entre el idealismo y el pragmatismo es la clave de una estrategia exitosa.  Y esta limitación se supera con un permanente ejercicio de pedagogía política que reivindique el valor de la unidad y recupere la confianza en el liderazgo político y en la política misma.  

A ninguno de estos propósitos reivindicativos contribuyen los opinadores, fanáticos o radicales que colocan siempre la política opositora como una eterna confrontación entre buenos y malos, donde -por supuesto- siguiendo la lógica chavista, ellos son los ángeles inmaculados y todos los que opinan distintos son enviados del demonio.  Jamás entenderán que la candidatura de Edmundo González es una nítida expresión de la real-polítik que tanto le revuelve el estómago, es la comprensión de una realidad y el cabal desempeño de un liderazgo frente a ella.  

Para colmo de males, tenemos la proliferación de “analistas políticos y expertos” que -desde las tribunas- pretenden dirigir el partido, a pesar de que nunca o hace muchos años que no juegan siquiera una caimanera.  Apenas recuerdan que la pelota es redonda, pero creen saberlo todo y los mueve el odio, quizás no tienen felicidad como “El Sabio” de Héctor Lavoe, un tema extraordinario que seguro no les gustará. En fin, esto ya forma parte de nuestro folklore político, aunque muchas veces no es mera estupidez, sino que hay intenciones ocultas e intereses facciosos que explican esa actitud, cuya peor expresión es la catarata de agresiones e insultos de estos opositores hacia partidos y líderes que también trabajan por el cambio. 

Así que cuando vea a un opositor hablando mal de otro, amigo lector, sospeche del parlanchín: puede ser un infiltrado del régimen, de esos que llaman "alacranes" o puede ser cualquiera de las modalidades de inmadurez política e ignorancia que hemos descrito.  Por fortuna, aunque son muy ruidosos esos grupos radicalizados y moralistas con ínfulas de superioridad, son una reducida minoría y gracias a Dios, no tienen poder.  Es por eso que la Unidad va a imponerse y el 28 de julio, todos, juntos construiremos una gran victoria.  ¡Edmundo para todo el mundo!  Dios bendiga a Venezuela...

Twitter/X: @richcasanova

lunes, 15 de abril de 2024

Un punto medio entre la utopía y la realidad

Todos sabemos que el gobierno -violando el Acuerdo de Barbados y la CRBV- mantuvo la ilegal inhabilitación de María Corina Machado e impidió la inscripción de Corina Yoris, una insólita arbitrariedad.  También sabemos que faltando pocos minutos para vencer el lapso de postulaciones se inscribieron las candidaturas de Enrique Márquez y del Gobernador del Zulia, Manuel Rosales.  Luego en una prórroga negociada con el régimen, afortunadamente se logró inscribir una tercera candidatura y preservar "la tarjeta de la manito" (MUD).  A partir de ahí, en las redes sociales se ha evidenciado una absurda controversia en el mundo opositor que solo beneficia al gobierno. 

Unos argumentan que se aceptó sumisamente la decisión del CNE de vetar las candidaturas de MC Machado y de Corina Yoris. Eso no es cierto, se peleó hasta el último minuto del último día del lapso de postulaciones.  Y más aún, se sigue peleando, según han dicho reiteradamente la propia María Corina y la Plataforma Unitaria, solo que se hace con tres candidaturas inscritas, lo cual es una ventaja porque nos da certidumbre en caso del peor escenario. Es decir, si no se logra inscribir la candidatura que todos deseamos, tendremos la oportunidad de ofrecer una alternativa a los venezolanos.

Ahora bien, pongámoslo al revés ¿Cuál es la ventaja de dar la pelea, denunciar las arbitrariedades y defender nuestros derechos, sin haber inscrito esas candidaturas y tener garantizadas las tarjetas de oposición?  Supongamos que alguien tuviera una respuesta a esa pregunta ¿Cuál sería el plan entonces? Algunos responden que -aprovechando el 82% de respaldo que tiene la opción del cambio- había que "reclamar en clara y alta voz el atropello, dirigirse al país y al mundo, actuar de manera firme y decidida en defensa de la voluntad de la gente". ¿Acaso eso no se ha hecho? Por supuesto que sí. Tanto María Corina Machado como la Plataforma Unitaria han actuado en esa línea e incluso se logró que aliados de Maduro como Gustavo Petro y Lula Da Silva se pronunciarán a favor de la oposición democrática, pero hasta ahora esto no ha sido suficiente para abrir la posibilidad de inscribir las candidaturas que el gobierno mantiene bloqueadas. Entonces ¿Qué es lo que plantean? ¿Una Salida III, acaso? Eso nos sacaría de la "ruta electoral", el único consenso que claramente se sostiene con fuerza.  

Lo cierto es que -hasta ahora- ninguno de los críticos de este trayecto que forzosamente transita la oposición tienen un planteamiento claro sobre el asunto.  Tan solo se limitan a lugares comunes cargados de buenos deseos pero desconectados de la realidad actual, signada por el autoritarismo.  Algunos dicen que estamos en una dictadura pero hacen exigencias como si viviéramos en democracia. Muchos planteamientos son basados en el "deber ser" y por tanto algo fantasiosos, visto el contexto. No son nuestros deseos o el "deber ser" lo que debe sustanciar nuestra acción política, el éxito está en un balance entre lo ideal y lo posible, encontrar el punto medio entre la utopía y la realidad.  Jamás podemos abandonar la lucha por lo que deseamos y por lo justo, pero siempre conscientes de nuestra realidad, calculando la viabilidad política de nuestras acciones y considerando todas las alternativas posibles, previendo todos los escenarios. Trabajar por lo que deseamos colocando las expectativas en “lo posible” nos evitará caer en frustraciones, destino seguro para quienes se aferran a "lo ideal".

Por otra parte, un gobierno con más del 80% de rechazo, sabe que con cualquier candidato perderá las elecciones si hay unidad y el país sale a votar.  Si eso es así, nuestro foco debe estar en preservar esa unidad y mantenernos a toda costa en la ruta electoral.  En consecuencia, estará desenfocado y haciendo el juego al gobierno -quizás sin percatarse- cualquier opositor que insista en planteamientos que nos dividan o estimulen la abstención. ¿Es difícil de entender?

A propósito, algunos opositores que no han logrado entenderlo se han dedicado a lanzar un ataque feroz contra la propia oposición, a disparar hacia la misma acera. Esta dislocada conducta no es nueva, pero en los últimos días la hemos visto desbordada contra Manuel Rosales, como si éste fuera el enemigo a vencer.  No pretendo promover su candidatura, ni salgo en su defensa, pero en Miraflores deben estar frotándose las manos con este espectáculo. Nada más desenfocado en esta coyuntura y es insólito, pero he observado está actitud en gente que considero inteligente y respeto. Con inquietud me pregunto ¿cómo es posible que no entiendan algo tan elemental? En fin, asumo que es consecuencia de la angustia, la incertidumbre y de alguna manera, consecuencia del virus de la intolerancia que desde el poder han logrado inocular en la sociedad venezolana.  

Lógicamente, el gobierno juega impecablemente su estrategia para dividirnos.  A la par de impedir la inscripción de María Corina y de la Prof. Yoris, admite la inscripción de Rosales para estimular esta controversia, alimentarla y propiciar la división entre las fuerzas democráticas. Muchos de los mensajes descalificando al Gobernador del Zulia, provienen de los laboratorios de guerra sucia del régimen. ¿Cuál debería ser la respuesta nuestra? No darle riendas a esa absurda confrontación interna, enfocarnos en el objetivo real que es derrotar -con el candidato que sea- al gobierno, estimular la participación electoral, prepararnos para ganar los comicios y para defender esa victoria.  En dos palabras, la clave es Unidad y Voto, lo demás es apuntar fuera del perol. 

Finalmente ¿Qué espera el país? Está muy claro que hay una arrolladora voluntad de cambio en Venezuela y las elecciones son la oportunidad de cambio anhelada, la gente quiere votar.  Entonces un liderazgo responsable tiene que garantizarle una opción electoral, así que la exigencia a María Corina Machado, como principal líder de la oposición; al liderazgo político expresado en Plataforma Unitaria y a Manuel Rosales es que construyan por consenso una candidatura unitaria antes del 20 de marzo. Está exigencia es ya un clamor popular, el país sabe que tenemos una oportunidad única para salir de esta pesadilla roja y la dirigencia tiene que ponerse a la altura de las circunstancias, demostrar sensatez, madurez política, inteligencia y sobre todo, que es capaz de colocar a un lado sus diferencias, intereses y sus legítimas aspiraciones personales.  No hacerlo sería más que una irresponsabilidad, una estupidez, cuyo costo político sería muy alto para ese liderazgo y muchísimo más para el país. ¿Quiénes serán los responsables si por la incapacidad para ponerse de acuerdo, Maduro continúa -y quizás se perpetúa- en el poder? Después de semejante sandez ¿Quién en la comunidad internacional apoyaría a esa oposición?  Así que hasta por su propia sobrevivencia política, el liderazgo nacional –todo, sin excepción- está en la obligación de ofrecer una alternativa unitaria y satisfacer las expectativas de un país que ha demostrado su compromiso con el cambio. En efecto, nada ni nadie ha logrado doblegar nuestro espíritu de lucha.  ¡Dios bendiga a Venezuela!