Los partidos políticos suelen nacer de la visión compartida de un grupo de líderes: se organizan, debaten y compiten en elecciones para alcanzar el poder y transformar la sociedad. Esta es una historia diferente. Es la historia de un partido que emergió en el fervor de una peculiar coyuntura electoral, impulsado por circunstancias impuestas e inspirado en las convicciones democráticas de su liderazgo, más que en dogmas o programas preestablecidos.
Sin haber podido escoger siquiera su propio nombre, con una tarjeta electoral desconocida, compitió en los comicios más adversos que podamos imaginar. Después fue que hubo tiempo para estructurarse y debatir las ideas que darían sustento a su movimiento. No sé trataba de construir un partido más, sino de edificar una fuerza que fuera útil a Venezuela en esta hora crucial de su historia y eso requería tiempo. Transcurrieron varios meses de trabajo.
Desde la decisión de participar en las elecciones del 25 de mayo de 2025, se inició una intensa jornada de reflexión y debate que derivó en el acto fundacional celebrado el 15 de agosto en Los Guayabitos, municipio Baruta, dando nacimiento formal al movimiento Unión y Cambio. En aquel encuentro se dieron cita dirigentes de 18 estados del país, aprobando al final del día su Declaración de Principios. En tiempos donde la crisis política y social adquiere una dimensión moral, cuando la sombra del desencanto amenaza y las carencias éticas se hacen evidentes en la arena pública, resulta un hecho trascendental que una organización nazca reafirmando valores fundamentales, su compromiso inequívoco con los sectores más vulnerables y una visión profundamente humana del desarrollo y la economía.
Unión y Cambio cumple este 15 de agosto su primer año. Surgió de la necesidad de dar respuesta a la convocatoria apresurada por parte del gobierno a las elecciones regionales y parlamentarias de 2025. Ante dicho proceso —sin que mediara debate alguno— un importante sector de la oposición venezolana optó por la abstención, apartándose de la ruta electoral unitaria que recién había conducido a la contundente victoria del 28J. La mayoría del país acompañó aquel llamado a ”quedarse en casa”, había olvidado el fracaso y graves consecuencias de las experiencias abstencionistas, pero un grupo de dirigentes advirtió a tiempo el error de ceder el terreno al régimen y la urgencia de mantener la movilización social para presionar por el cambio. Se trataba de desafiar de frente al gobierno que estaba en una situación muy precaria tras el fraude electoral; un hecho repudiado por la ciudadanía, la comunidad internacional e incluso por sectores aliados al oficialismo, lo que terminó configurando las condiciones para los acontecimientos del 3 de enero.
No era razonable desmovilizar al país ni renunciar al voto como mecanismo legítimo de protesta y expresión ciudadana. Para nosotros estaba claro pero no se trata hoy de mirar por el retrovisor ni de buscar vanaglorias porque el tiempo nos haya dado la razón; mucho menos de reabrir heridas, sino de dejar constancia de las circunstancias exactas que marcaron este natalicio partidista.
En efecto, así nació Unión y Cambio: en medio de una contienda marcada por la intolerancia, las descalificaciones infundadas y los ataques de factores que, tras cuestionar el sectarismo del régimen, terminaron replicando sus mismas prácticas. No obstante, dejamos atrás los episodios amargos y las agresiones inmerecidas. Es momento de mirar al horizonte, reconstruir espacios de articulación y promover consensos para asumir el colosal desafío de reinstitucionalizar al país, dar conducción política a la transición democrática e impulsar las elecciones libres que anhelamos todos los venezolanos.
Al cumplir este primer año, en Unión y Cambio podemos presentar un balance positivo. Desde la Fracción Libertad, no solo hemos representado la voz firme de la oposición que acompañó la ruta victoriosa del 28J, sino que ha mantenido intacto el compromiso de denunciar las injusticias, luchar por la libertad de los presos políticos, exigir respuestas y proponer soluciones reales a los problemas cotidianos de la gente. Hoy, en cada estado del país, hay dirigentes de Unión y Cambio trabajando por la causa que nos une: Venezuela, el bienestar de nuestro pueblo y el futuro de las próximas generaciones. ¡Vamos pa'lante!
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