sábado, 6 de mayo de 2017

LA ESCALADA DEL CONFLICTO

Si algo queda por destruir es la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela pero ya Nicolás Maduro le puso el ojo. Aun pisoteada por el régimen cubano-militar, la Carta Magna sobrevive. Aprobada por amplia mayoría en un escenario polarizado, a la postre fue asumida por quienes no votaron por ella. Paradójicamente hoy es la oposición quien la defiende; mientras aquellos que la promovieron, la aprobaron y decían que era "la mejor Construcción del mundo", ahora la violan y les resulta incómoda para sus pretensiones dictatoriales, tanto que la narco-revolución se apresta a pulverizarla y así demoler lo que algunos consideran el principal legado de “comandante eterno”.

La solución a la crisis no es cambiar la Constitución sino que sea respetada. Modificarla no es hoy un debate jurídico sino político y pudiéramos decir, ético. En efecto, los mismos que robaron al pueblo el Referéndum Revocatorio y las elecciones regionales, ahora buscan embaucar al país con una falsa Asamblea Nacional Constituyente (ANC) para evadir una salida democrática, darle visos de legalidad a la dictadura y continuidad al Golpe de Estado. Si la propuesta fuera una ANC con bases comiciales transparentes y democráticas, sería otra cosa.  Pero que la mitad de los asambleístas provengan de las estructuras periféricas del régimen es una estafa inaceptable, algo que los venezolanos no vamos a permitir. ¡No es una polarización! La inmensa mayoría del país está cohesionada y plantada frente a una reducida cúpula ilegítima, autoritaria e inmoral.  De lado y lado, la estrategia es desgastar al oponente. El gobierno cree que la gente se cansará y en algún momento abandonará las calles con resignación. Por su parte, la oposición tiene la fuerza del pueblo y está decidida a persistir en una protesta enérgica pero pacífica hasta lograr la salida de Nicolás Maduro. Y si como está planteado, el gobierno se aferra al poder y la oposición se mantiene firme en las calles, si cada quien piensa que el otro se va a cansar, entonces la escalada del conflicto es lo más probable.  

Ahora, cansarse depende de condiciones físicas, anímicas y de variables políticas asociadas a la estrategia que cada quien asuma.  Sin profundizar el tema, diremos que para los demócratas es fundamental la unidad, tener confianza en el liderazgo opositor  y mantener la agenda de lucha. Hay que enfrentar esa falsa y truculenta ANC pero sin perder el rumbo, ni distraernos de nuestros objetivos. En cada movilización opositora uno siente amor por Venezuela, una fuerza de voluntad enorme, espontaneidad, mucho coraje y optimismo, cosas que el gobierno jamás podrá comprar. De hecho sus escuálidas movilizaciones son a punta de billete, llenas de caras largas y con enormes carencias humanas.  Aunque la dictadura tiene margen de maniobra, está en una precaria situación tanto por su extrema debilidad en el ámbito nacional e internacional como por las consecuencias sociales y económicas de la escalada del conflicto.  Cada día de protesta cívica, el gobierno gasta 500 mil Dólares en represión.  Los recursos destinados a alimentos o medicinas, lo invierten en perdigones y lacrimógenas. La industria -que ya operaba a un 30% de su capacidad instalada- terminará devastada; igual el comercio y el desolado campo venezolano.  Mientras Maduro siga en el poder, la profundización de la pavorosa crisis es una tendencia irreversible: el país se hace inviable.  Y lógicamente, el gobierno se hace insostenible. ¡Aquí nadie se rinde!

Twitter: @richcasanova

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